domingo, 13 de noviembre de 2016

FRASES QUE ME EMOCIONAN (II)



“Sumido en su gran dolor, se convenció a sí mismo de que las palabras que había escrito sobre un ahogamiento imaginario habían causado una muerte verdadera, de que su ficción trágica había provocado una tragedia real. En consecuencia, aquel escritor de enormes dotes, aquel hombre que había nacido para escribir, juró no volver a escribir jamás. Había descubierto que las palabras mataban. Las palabras tenían la virtud de alterar la realidad y, por tanto, eran demasiado peligrosas para que pudieran confiarse a un hombre que las amaba por encima de todas las cosas.”

La noche del oráculo de Paul Auster


"Yo ya no puedo abrir un libro sin pensar en ti, con los hombres es distinto. Supe, instintivamente, desde muy joven, que esa parte de mi vida tenía que preservarla de ti o también la invadirías con tu egoísmo, tu generosidad, tu lucidez y tu amor. Me observaste enamorarme y desenamorarme, romperme la crisma y volver a ponerme en pie, desde una distancia prudencial, disfrutando mi felicidad y dejándome sufrir en paz, sin aspavientos ni demasiadas indicaciones. En parte consciente, supongo, de que el amor de mi vida eras tú y de que ningún otro amor huracanado podría con el tuyo. Después de todo, amamos como nos han amado en la infancia, y los amores posteriores suelen ser sólo una replica del primer amor. Te debo, pues, todos mis amores posteriores, incluido el amor salvaje y ciego que siento por mis hijos. Ya no puedo abrir un libro sin desear ver tu cara de calma y de concentración, sin saber que no la veré más y, lo que tal vez sea incluso más grave, que no me verá más. Nunca volveré a ser mirada por tus ojos. Cuando el mundo empieza a despoblarse de la gente que nos quiere, nos convertimos, poco a poco, al ritmo de las muertes, en desconocidos. Mi lugar en el mundo estaba en tu mirada y me parecía tan incontestable y perpetuo que nunca me molesté en averiguar cuál era. No está mal, he conseguido ser una niña hasta los cuarenta años, dos hijos, dos matrimonios, varias relaciones, varios pisos, varios trabajos, esperemos que sepa hacer la transición a adulto y que no me convierta directamente en una anciana. No me gusta ser huérfana, no estoy hecha para la tristeza. O tal vez sí, tal vez sea del tamaño exacto de la pena, tal vez sea ya el único vestido de mi talla."
También esto pasará de Milena Busquets

"El parque ya está vacío y desnudo, con una sombra de abandono sobre él. La zona de juegos, el tobogán, los columpios se han oxidado. Están terriblemente solos. ¿Dónde están los niños? ¿No sabían que el parque los necesitaba? El corazón de un niño puede alumbrar muchos lugares oscuros. Pero ¿cómo puede entender el delicado instante de su propia indiferencia?"

El profesor (2011) de Tony Kaye

“Si tengo algo en la cabeza lo digo como lo
siento.
Soy fiel a mí mismo.
Soy joven, y soy viejo.
Me han comprado y me han vendido muchas veces.
Soy impasible.
Estoy ausente. 
Soy igual que vosotros.”
                  

El profesor (2011) de Tony Kaye

“Julia:
Entras en esta habitación, tu silueta se recorta en este rayo de luz que inventa la puerta que entornas. Oigo avanzar tus pasos hacia mí. Conozco bien los rasgos de tu rostro, a veces busco tu nombre, conozco tu olor familiar, puesto que me sienta bien. Sólo esa fragancia especial me aleja de esta inquietud que me atenaza desde hace tan largos días. Debes de ser esa muchacha que viene a menudo al caer la tarde, entonces la noche debe de estar cerca puesto que avanzas hasta mi cama. Tus palabras son dulces, más tranquilas que las del hombre del mediodía. A él también lo creo cuando dice que me ama, puesto que parece querer que esté bien. Sus gestos son los que son dulces; a veces se levanta y va hacia la otra luz que domina los árboles al otro lado de la ventana; a veces apoya la cabeza en ella y llora por una pena que yo no entiendo. Me llama por un nombre que tampoco conozco pero que vuelvo a hacer mío cada instante, sólo para complacerlo. Tengo que confesarte que cuando le sonrío al llamarme por ese nombre lo noto más despreocupado. Entonces le sonrío también para agradecerle el haberme alimentado.
Te has sentado junto a mí, en el borde de la cama. Sigo con la mirada los dedos finos de tu mano, que acarician mi frente. Ya no tengo miedo. No dejas de llamarme, y leo en tus ojos que tú también quieres que te dé un nombre. Pero en tus ojos ya no hay tristeza, por eso me gusta tu visita. Cierro los míos cuando tu muñeca pasa por encima de mi nariz. Tu piel huele a mi infancia, ¿o era la tuya? Eres mi hija, amor mío, ahora lo sé, y durante algunos segundos más todavía. Tantas cosas que decirte y tan poco tiempo. Quisiera que rieras, mi vida, que corras a decirle a tu padre, que va a esconderse a la ventana a llorar, que no llore más, que lo reconozco a veces, dile que sé quién es, dile que recuerdo cómo nos hemos amado puesto que lo amo de nuevo cada vez que viene a verme.
Buenas noches, mi amor, aquí duermo, y espero.
Tu madre”

Pequeño fragmento de "Las cosas que no nos dijimos" de Marc Levy


"Desde aquel momento te quise. Sé que muchas mujeres te lo han dicho a menudo, a ti, tan mal acostumbrado, pero créeme, ninguna te ha querido tan devotamente como yo, ninguna te ha sido tan fiel ni se ha olvidado tanto de sí misma como lo he hecho yo por ti. No hay nada en el mundo que sea equiparable al secreto amor de una niña que permanece en la penumbra y tiene pocas esperanzas. Es humilde y servil, tan receloso y apasionado como nunca puede serlo el amor inadvertidamente exigente y lleno de deseo de la mujer adulta. Sólo los niños solitarios pueden contener su pasión. Los otros hablan de sus sentimientos en grupo, se abren estimulados por la confianza y han oído hablar y han leído mucho sobre el amor; saben que es un destino común para todos. Juegan con él como un juguete, presumen de él como los muchachos con su primer cigarrillo."
Carta de una desconocida de Stefan Zweig

"Querido muchacho mío:
Tu soneto es completamente adorable y es una maravilla que esos labios de pétalo de rosa roja que tienes hayan sido creados no tanto para el canto musical como para la locura de besarse. Tu dorada y delgada alma deambula entre la pasión y la poesía. Yo sé que Hyacinthus, a quien Apolo amó tan locamente, has sido tú en aquellos griegos días. ¿Por qué estás solo en Londres, y cuándo vas a Salisbury? Ve allí y refresca tus manos en la grisácea luz de las cosas góticas, y ven aquí cuando así lo quieras. Este es un lugar adorable; sólo faltas tú, pero ve a Salisbury primero.
Con imperecedero amor, siempre tuyo Oscar."
Carta de Oscar Wilde a Lord Alfred Douglas

<<Cuando uno muere, debe dejar algo tras él>>, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos que se ha hecho uno mismo. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de manera que tu alma tenga algún sitio adonde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol o esa flor que tú plantaste, tú estarás allí. Mi abuelo decía: <<No importa lo que hagas mientras cambies algo respecto a cómo era antes de tocarlo y lo conviertas en algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped podría no haber estado allí, pero el jardinero siempre permanecerá en ese lugar>>.
Fahrenheit 451 de Ray Bradbury

Los hombres se volvían locos y en recompensa les concedían medallas. En el mundo entero, a uno y otro lado de la línea de fuego, los chicos entregaban sus vidas por algo que, según les habían contado, era su patria. A nadie parecía importarle, y menos que a nadie a los chicos que entregaban sus jóvenes vidas.
Arnold Krumm- Heller

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada