miércoles, 8 de febrero de 2017

CAMINO


El camino, el único camino que veo, sigue en línea recta. Y todo es tan diferente... El final no puede verse y aunque parezca extraño, me resulta reconfortante. Me aporta placer y ganas de continuar. 
Me paro a mirar el paisaje y todo lo que me rodea es tranquilizante. Las piernas van ligeras y ya no son una carga. Siento que todo va en sintonía conmigo y con mi alrededor.
Me paro a mirar las flores, son tan bonitas... Los árboles son altísimos, con unas raíces muy fuertes y profundas. La tierra se agarra a mis pies y no tengo miedo de caerme. Ya no voy deprisa; ya no busco nada. 
Hay bancos para sentarse y como no tengo prisa, me siento y observo. Sólo hago eso. Respiro profundamente y el tiempo pasa. Estoy en paz.






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